8/11/17

EL OTRO MADURO


Historieta asimilada
Eliad Jhosué

Allá en Santa Malta de Colombia, tierras donde murió el Libertador, esta residenciado el otro Maduro, cabizbajo, pensativo, observando, oyendo todo y pasando trabajo.
Lo que no saben los venezolanos es que el otro Maduro nació el 23 de noviembre de 1962 en la ciudad de Cúcuta en Colombia, mientras el piensa en su lugar de origen Colombia su tierra natal, sonríe triste y recuerda al otro Nicolás y la controversia de su verdadero lugar de nacimiento.

Cierra sus ojos por instantes y luego con parsimonia se bebe un sorbete de Borojó, lo saborea con gusto en sus papilas gustativas y macilento rompiendo el encanto del silencio ríe a carcajadas. Aspira en profundo el aire de Santa Malta y encanijado por alguna indiferencia hace memorias   del TSJ, ente chavista que había dictado un fallo el 28 de octubre de 2016 donde afirmaban que el otro Maduro había “nacido el 23 de noviembre de 1962 en la ciudad de Caracas, para entonces, Departamento Libertador del Distrito Federal, Parroquia La Candelaria”.

Se recuesta en un viejo catre y cierra los ojos con dilatada somnolencia, el día anterior había tomado demasiado Canelazo y eso le producía distintos puntillazos o golpeteos repetitivos en la cabeza, cada vez que su corazón palpitaba una bomba parecía explotarle en el cerebro, Mientras miraba la bebida decía en su interno en vez del Borojó necesitaba de una refrescante Lulada, el sol sofocante asfixiaba, enloquecía y cegaba, le parecía a los GNB de Venezuela  enloquecidos disparando gases lacrimógenos  en todas direcciones.

Se estiró un poco y quiso reírse de nuevo a mandíbula batiente, pero un fuerte batazo sintió en medio de la frente, el dolor insoportable del Canelazo le hacía ver el pajarito de mentira que alucinaba el otro Maduro, dilucidando que era Chavez. Abrió sus ojos y después los entrecerró maltrecho. Se colocó las dos manos en la cabeza y luego bajando paulatinamente la mano  izquierda se buscó rascar un bigote inexistente. ¡Como son las cosas! murmuró entre dientes y recordó el acontecimiento del fallo del TSJ en octubre de 2016 y lo que exclamo públicamente el Otro Maduro antes, en abril de 2016, dijo: vine al mundo en otra parte. “Yo nací y me crie en un apartamento aquí en Los Chaguaramos, en Valle Abajo, de 50 metros cuadrados y ahí vivimos felices, muy felices, gracias a mi padre, a mi madre, crecí feliz en el amor de ellos, Mi familia se mudó en el año 58 y desde el 58, bueno, mi mamá nos parió a todos ahí”. ¡Carajo! barrujo Maduro asombrado de esto y aquello y comparando las no circunstancias y las maneras del Poder Judicial dirigir las cosas a su manera de ver, rompiendo con el hilo de la constitución Bolivariana.

Se hizo un silencio en la estepa y Maduro levantándose de súbito del catre se colocó las manos en su raquítica barriga y se río hasta casi caer de rodillas, una finas lágrimas se descollaron por la comisura de sus labios y probó el sabor amargo de su toxico lagrimear.

¡Dios que falsedad tan negligente! mascullo famélico, y dando tumbos salió al patio y se fue dando traspiés directo a un viejo e hilachudo chichorro que se balanceaba con el viento entre dos frondosos samanes, no sin antes escanciar el sorbete de Borojó hasta que no quedó una gota en su fondo.

Pensó en su vida pasajera, de pasaje en pasaje, trabajaba como un chofer en la LINEA COLOMBIANA EXPRESS LTDA ubicada en el departamento de ANTIOQUIA, en la localidad MEDELLIN y su dirección postal quedaba en la CALLE 6 SUR 52 05 OF 201, MEDELLIN, ANTIOQUIA.

Mientras recuerda cómo apenas sobrevive en la gran jungla de cemento,  recuerda al otro Maduro siendo presidente de su país hermano. Antes de introducirse en el chinchorro se acerca a uno de los robles, baja la bragueta, saca el pene y  echa una orinada de amarillo agua de panela, ensimismado y mientras termina de echar la “miada”, siente un escalofríos y desde allí observa abrumado un rancho viejo, destartalado, desmadejado y arruinado, carcomido por la esperanza y deteriorado por la pobreza. En ese cubículo de andrajos tenía viviendo a su esposa Margarita y sus dos hijos Nicolás y Natalicia. Como deseaba que el otro Maduro le resolviera con una casa de la Misión Vivienda.  Cerrando nuevamente sus ojos a la merza soledad del día azul dijo entre sí: mientras el Otro Maduro y Cilia Flores no tuvieron hijos en común, pues de relaciones anteriores: Flores tiene tres hijos y Maduro uno, el tal Nicolás Ernesto Maduro. Pensando esto Nicolás introduciéndose en el Chinchorro se echó unas meneadas y luego escupiendo al suelo fértil vocifero, de parte y parte tienen hijos bastardos, por lo menos los que yo tengo son de parte y parte juntos y terminando de decir aquello volvió a sentir una mordida de dolor en la cabeza.

Se paró angustiado recordando que tenía trabajo que hacer, aquel maldito brebaje lo había asesinado, una resaca lo invitaba a navegar en cientos de remolinos endemoniados, lo atormentaban. ¡Ah!  Ya sé lo que me hizo daño, fue la mezcla entre la Chicha y el Canelazo.  Fue en la zona andina de Colombia con aquella Chica de Medellin, me entusiasmó para que me tomara una chicha de maíz en el centro de Bogotá, en el barrio La Candelaria. Maduro pensativo, lejos donde estaba se recordó que hacía varios años el lobbing de las grandes compañías de cerveza llevó a que esta bebida fuera prohibida por sus “efectos negativos” a la población. Sin embargo, sin pensarlo y aturdido por El Canelazo, entro con la chica  a una chichería del Chorro de Quevedo y le sirvieron una totuma grande de chicha acompañada de una cerveza personal, mal plan, había dado al traste en los bajos fondos De Medellín, una de las ciudades más Peligrosas de Colombia, salió ileso, la Chica era conocida y respetada en la zona roja.

Mientras recordaba tanto desborde de pecado, pensó en el otro Maduro y su forma de Vida, un reyezuelo en Venezuela, se había vuelto loco y personificaba ridículamente en un teatro callejero a Chávez a cuyo nombró como El comandante eterno, El Dios de los Chavistas y el era Jesucristo. Obvio, no es el otro Chávez, más bien el otro Maduro, el cual se la da con ufanía de grande, habla hasta por los poros y por las calles y avenidas de Venezuela siempre va terciado de una banda presidencial, se pavonea y saluda como una reina de feria.


Continuará.

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